La he vuelto a ver, después de ya no sé cuantos años; no demasiados. Fue en el trabajo; hoy.
La recuerdo; ella con unos 15 años, medio abrazada a un joven de su edad; pase a su lado, escuche sus palabras; solo unas frases que se intercambiaron pero por ellas y por la forma en que las pronunciaron y sin conocerles de nada más supe que ya nada los separaría.
Años después se casaron, me consta que han tenido al menos una hija.
He trabajado en alguna ocasión con ella y nada le dije que la recordaba de 20 años atrás o más; de un puñado de palabras escuchadas por azar. Seguro que ellos dos las habrán olvidado; seguro no, solo quizá.
¡Quizá!
A veces, muy de tarde en tarde, me descubro pensando en ellos.
En como sabían ponerselo fácil el uno al otro.
En ese poner fácil radicaba todo su secreto.
No había pasión. Lo que había era entendimiento, colaboración, mutua presteza a escuchar al otro y dejarse escuchar por el otro. Correr en auxilio del otro, si auxilio se necesitara.
Eso eran ellos, aquella noche, medio abrazados, entre sus palabras.
Hoy me ha quedado la zozobra de ver su rostro desasosegado yo no sé por que inquietud. Fue solo un instante en el que me la cruce, otro el que me llevo reconocer en ella a la mujer que es. Y, otro más el que me llevo perderla de vista, en aquel pasillo que nos cruzo y tras cruzarnos nos alejo.
No es la suya una familia que me sea indiferente. Dos que saben amarse se merecen poder sonreír sin sombras. Espero que aquella sombra que habitaba su rostro en ese pasillo sea sombra fugaz, quizá solo el agobio natural de estar trabajando y a veces encontrarse saturado. Pero había algo en su triste mirada...
Me entere ayer. Cuando durante, y como consecuencia, de la discusión subí un vídeo de Ana Belen. El hombre del piano.
Fue entonces cuando me entere que existía otra versión, que a dos de ellos les gustaba más y que al mirar por curiosidad he visto que es la original.
¿Cual es mejor?, pues ni idea. Ya he dicho que de música no entiendo nada. Pero imagino que el viejo dicho español de "para gustos, colores" es el que lo dice ya todo al respecto.
No tendría mayor importancia, que el haber aprendido algo, de no ser por un comentario que me encontré hoy: "...en realidad lo que me gusta es la anécdota, el mensaje de un hombre derrotado, que se oculta bajo los efectos del alcohol, que no tiene valor de afrontar una ruptura amorosa"
?????... Pero !!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Lo de "hombre derrotado" es evidente; lo del alcohol también; lo de la ruptura amorosa es algo obvio. Pero lo de que "no tiene el valor"... se me atraganta y mucho.
¿De que valor estamos hablando????
¿Hace falta valor para dejar de amar?
En el blog tengo una cita de Erich Fromm, por algo y desde los orígenes mismos del propio blog.
"Mientras tememos conscientemente no ser amados,
el temor real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar."
Amar nos hace esclavos. Es cierto, pero...
...Se habla mucho de amor, claro; tanto que parece que ya ni recordamos lo que significa esa palabra. Amar significa amar. No es otra cosa. No implica comercio.
"Amor con amor se compra", que dice el refrán. ¿Es ese el amor que queremos?
Es el que aconsejo, desde luego. No vale la pena esperar otro. Pero aquellos que tienen la fortuna o la desgracia de amar por que aman y solo por que aman, me parecen cualquier cosa menos gente sin valor.
Pero a veces es evidente que a la gente osar amar les resulta de mal gusto. Sospecho que ni se concibe.
Amar sin ser amado es entonces entendido como síntoma de debilidad mental.
Ojeando hoy viejos blogs que aún sigo, me encontré que en uno abandonado ya hace mucho aun se podían ver los blogs que enlazaba y me llamo la atención uno que no me sonaba. Curiosee y me encontré una entrada dedicada a las cartas de amor.
Yo pensaba que las cartas de amor se llamaban así precisamente por que se escribían por amor.
:-(
Sin buscar nada a cambio. Como cuando se da un beso, uno de verdad, sin esperar ni que te lo devuelven. Como se besa un cadáver. ¿Habéis visto alguna vez besar un cadáver?. Yo sí. Y, la mujer que beso aquel cadáver ni sabía que yo estaba presente. No lo hizo para fingir. No era teatro. Pero lo beso.
Recuerdo una feroz discusión sobre si existe o no el amor. En mi primera semana de facultad, el profesor de psicología afirmaba que no y el alumnado, por ello, casi se lo comen allí mismo. Todos ellos estaban convencidos de que por supuesto existen; todos querían creer que algún día serían amados de ese modo.
Pero luego pasan los años; no amamos ni nos aman. Y, pasamos a declarar que el amor no existe. Salvo como intercambio. Comercio.
Por eso hay que saber "venderse" y toda una literatura sobre ese arte de venderse. Que debe hacer un hombre para venderse o la mujer. Me repele profundamente. Me recuerda los llamados filtros de amor el supuesto arte de robar corazones a almas libres, que algunos crédulos, me consta que aun usan, sin sospechar que tales artes pertenecen por entero y derecho propio al campo de la magia negra y de ninguna otra. ¿Por qué les llaman, entonces, de amor?
El amor entrega a otro nuestra libertad; pero robar, secuestrar, la ajena no es amor, tiene otro nombre.
Por desgracia, y pese a que los verbos son bien diferentes, tratamos el querer y el amar como si fueran sinónimos. Buscamos que nos amen, y también conseguir lo que queremos.
Nos inventamos sentimientos que no tenemos y a la vez negamos los que nos asustan, aun cuando quizá los tengamos.
Amar no es fácil y la mayoría de nosotros moriremos sin haber jamás amado. Salvo a nuestros hijos, por instinto y poco más.
Por eso los afortunados o desgraciados que sí aman tienen tan mala prensa.
Amar es feo. Preferimos disfrazar de payaso al que ama. Reirnos del loco.
¿Quién osa amar de ese modo?
¿No será locura o debilidad, cobardía, en lugar de amor?
Cuando Julio Flórez escribió ese poema que recita una marioneta en forma de payaso...
No sé en que pensaba.
Solo son un puñado de palabras...
"Mil veces me engañó; más de mil veces
abrió en mi corazón sangrienta herida;
de los celos la copa desabrida
me hizo beber hasta agotar las heces.
Fue en mi vida, con todas sus dobleces,
la causa de mi angustia -no extinguida-
aunque, ¡pobre de mí! toda la vida
su mentiroso amor... pagué con creces.
Los tiempos han pasado; ya su boca
no me da sus caricias, ni me abrasa
el fuego de sus ósculos de loca;
¡y sin embargo mi pasión persiste...
pues, cuando a veces por mi senda pasa,
me alejo mudo... y cabizbajo... y triste!"
Claro, no era amor, era pasión. "mi pasión persiste..."
Así lo llama.
Pero...
¿Es solo eso???
Nunca he querido amores de compra y venta; no me sirven "pa na"
De estrategias sobre el amor, y sus filtros de amor, lo único que conozco es lo que me enseño una viejecita: "lo que debes hacer para conseguir la mujer ideal es ser tú mismo su hombre ideal"
Y, los ideales, como dice Platón, pertenecen al mundo de las ideas; no a la realidad. No habitan el mundo. Cierto.
Pero a veces se encarnan. Y, cobran vida; un poco al menos, en un cierto modo.
Por eso escuche atento a otra mujer cuando me explico que la forma de ser cada día un poco más el que necesito ser es andar por la vida con el corazón, la mirada y la mente abiertos. No quedarme en el pequeño reino de lo poco que sé y mantener siempre abiertas las puertas y ventanas, todas, a lo mucho que me queda por aprender y descubrir.
Eso y solo eso aprendí. Lamento mucho en el pasado haber sabido tan poco de táctica. Pero que se le va hacer, nadie nace aprendido.
La vida me enseño y así al menos no moriré ignorante del todo, que ya es algo.
Soy consciente, por supuesto, de que la táctica y la estrategia que propone Benedetti pueden no desembocar en ser amados. Al fin y al cabo que nos necesiten solo significa que nos quieren y nos quieren precisamente por que nos necesitan. Amar es otra cosa. Solo nos aman cuando aun no necesitándonos desean estar allí donde les necesitamos, cuando les necesitamos, como les necesitamos y para lo que les necesitemos. Eso último, solo eso último y nada más que eso último, solo eso es amar. Lo demás solo son pamplinas que nos aseguran que no va querer tenernos lejos.
Pero...
¿Quién necesita que le amén?
Un bebé necesita la leche materna. ¿Somos acaso eso, bebés?
Quizá esa sea la respuesta.
La verdad es que ser amado, del modo que digo, no es necesario.
Lo necesario es no confundir el amor con el querer; lo necesario es tener valor para si amas amar y si no amas admitir que no amas, lo necesario es tener la suficiente seguridad en uno o una misma como para que si te aman pues te aman y si no pues no pasa nada.
Al fin y al cabo el amor no depende de nosotros. El es libre, sopla donde quiere y va donde quiere y se queda donde quiere; sin pedirnos permiso ni opinión. Y, así debe ser.
Cuando escribes una carta de amor, es por amor o no es carta de amor.
Es pecisamente para lo que en esa entrada se dice que sirve.
Para que en las frías y oscuras noches de invierno que en su vida la puedan estar esperando, esa carta tuya, le caliente el alma e ilumine hasta el aire para ella. Por que al amar, lo único que de verdad te va resultar imprescindible, desengañate, es que la persona amada no pase frío en sus noches de invierno.
Acabo de encontrar en un blog una entrada que me ha afectado de un modo inesperado.
Conozco ese blog desde hace unos dos años. Me lo encontraba ocasionalmente al buscar perfiles de gente interesada en filosofía. Y, desde siempre me ha gustado; os lo recomiendo. Pero nunca le había hecho demasiado caso.
Hasta esta vez.
En alguna ocasión, recuerdo haber hablado sobre su autora con Agustín, un compañero de cafés y cervezas y más bien de conversaciones que tengo. El ya lo habrá olvidado, seguro. Pero, le decía que un blog como ese no lo escribe cualquiera y que eso, dada la edad de la autora, solo podía deberse a dos cosas; al merito de ella por un lado y al del entorno de ella por otro. Nadie por muy dotado que sea puede alcanzar tal madurez a la edad de 17 años, que fue cuando lo comenzo (si no recuerdo mal) salvo si se encuentra en un entorno propicio para formarse y madurar. O eso pienso.
Hoy al ver su perfil, en una de mis búsquedas, aproveche y volví a entrar en su blog y no sé si es que la memoria me falla o que ha retocado el diseño de su blog para que sin cambiar gran cosa hacer que los enlaces pierdan color y apenas se lean. El caso es que andaba yo usmeando entre sus entradas cuando vi la que me hace escribir ahora, la que me hizo dejar allí un comentario; la que me hace querer escribir y aun a sabiendas de que es lo que quiero decir no saber encontrar las palabras para ello.
Me propongo hacer algo que ni yo sé que tal me va salir. Pero me dices que el resultado te gustara y que digas eso, no lo puedo evitar, me suena mal. Entonces y sin necesidad me pides disculpas y al final termino pidiéndotelas yo por hacerte sentir que me las tienes que pedir.
Voy intentar explicarme:
Aquel día un conocido y yo paseando, no sé ya como, comenzamos hablar de determinado comportamiento que caracteriza a algunos seres humanos. Me contó la historia de una mujer que enamorada del hombre con el que estaba, decidió montarse otra relación paralela con otro hombre. El se entero y la dejo sin más y es que desde que la humanidad es humanidad no hay mejor forma de decir no aun hombre que estar con otro (mal que le pese a alguna) todo lo cual resultaba sorprendente dado que se supone que la mujer, insisto, estaba enamorada del primero. Entendámonos, hoy en día esta de moda usar una palabra, pareja, que es un comodín que sirve para cualquier cosa; su uso es una forma cómoda de dejar claro que somos personas tolerantes, que no nos metemos donde no nos llaman y por lo tanto respetamos el derecho de cualquiera a llevar su vida sentimental y sexual como más le plazca. También es un modo de dejar claro que las viejas palabras ya no nos sirven. Novios, prometidos, matrimonio; esas son palabras que suenan mal y es que suenan a compromiso y esa palabra compromiso parece estar reñida con la palabra libertad. Por otro lado, la lengua es un organismo vivo y la nuestra al igual que cualquier otra nace, se desarrolla y terminara muriendo o sea cambia. La palabra amor por ejemplo, con frecuencia, no tiene ahora exactamente el mismo significado que en mi infancia. Hoy en día existen lo que llamamos amistades de fin de semana, que sirven para echarse unas risas tomando unas copichuelas pero que mejor no esperes más y del mismo modo o parecido existen amores de quita y pon que no implican compromiso ninguno. Me parece bien, el error sería creer que tenemos una amistad distinta a la que realmente tenemos o sentimos un amor diferente al que sentimos; pero eso es todo.
Pues bien, la relación que esa mujer tenía con ese hombre es anterior a ese cambio en el lenguaje. El no era su pareja, era su novio. Pero lo que importa no es ya esa relación de noviazgo, es lo que ella sentía y el por ella. Y, es que para lograr explicarme necesitamos hablar de sentimientos. Mantener una relación de noviazgo significa muy poco, en realidad no significa nada salvo cara a la galería de la opinión ajena; lo único que importan son los sentimientos. Pero a la opinión ajena, por entonces, eso pese a todo, la relación por la relación, le parecía importante. Todo eso ella lo sabía y le dio igual. Una mujer inteligente hace algo a sabiendas de que se esta jugando arruinar lo que sus propios sentimientos le hacen ver como algo de lo más deseable, poder compartir su vida con el hombre al que quiere. Bueno, casi me sonrojo al escribir esto, vale, de acuerdo, cierto y por supuesto y faltaría mas y desde luego; claro que una mujer puede hacer con su cuerpo lo que le salga de la real gana que para eso es suyo y no de los demás y no quisiera que lo dicho antes pareciera querer insinuar lo contrario. Que no, que por supuesto no es eso lo que quiero decir. Que lo que digo o intento es otra cosa. Que lo que digo es que ella quería pasar la vida con el primer hombre pero a la vez hizo imposible su deseo.
¿Qué la movió a ello?
Yo no lo entendía.
Le pregunte al conocido que me lo contó si él le encontraba explicación.
Según él todo fue un problema surgido de la propia biografía de aquella mujer, lo resumió en dos palabras. Éxito social; así lo llamo.
Ella, por lo visto, fue alguien que nació en un pueblo pequeño y allí creció; guapa, inteligente y formal; esas tres características suyas pronto hicieron que todas las miradas de aquel pequeño pueblo se centraran en ella.
Fue la niña ejemplar para los padres de sus propias amigas, la adolescente con la que soñaban todos los vecinos de su edad, la joven ejemplar a los ojos de adultos, jóvenes y niños; la mas respetada y admirada del colegio e instituto por estudiantes y profesores. Nadie había en todo el pueblo que esperara que ella fuera humana, que cometiera errores. De ella solo se esperaba lo mejor y con la certeza de que cada día eso y solo eso es lo que ella desbordaría. Excelencia.
Claro que una mujer como esa, que hasta por lo visto tenía buen gusto, pudo elegir al hombre que le salio de la gana. Y, se fue a enamorar de uno un poco distinto al común de los mortales. Mala suerte, que se le va hacer. Aquel hombre no la miraba, pese a estar enamorado de ella, como si ella fuera la encarnación humana de la perfección. La miraba como a una mujer de carne y hueso. Conocía la virtudes de ella, cierto, pero también defectos. Le gustaban algunas cosas de ella, otras no. Su error fue enamorarse del único hombre que la veía. Todos los demás, al igual que el resto de los humanos, en vez de verla a ella lo que veían era la encarnación de un idea.
Yo creo que quizá eso fue lo que hizo que se enamorara de él. Pero da igual. Él estaba enamorado de ella y no de lo que ella parecía ser. Según el conocido que me lo contó eso fue lo que destrozo la relación.
Cuando a un ser humano le enseñas desde niño, que es una estrella ya no sabe mirar a los demás humanos salvo desde demasiado alto. O, eso me decía el conocido; los sentimientos del hombre del que estaba enamorada no le importaron, ella necesitaba aplausos como otros necesitamos el aire que respiramos; el no la aplaudía o si lo hacía nunca lo hizo en la medida que ella necesitaba pero había otros que si la aplaudían y con uno de esos otros ella comenzó una relación simultanea. Uno era el hombre que ella quería, otro el que le daba lo que ella quería. Los necesitaba a los dos.
Pero claro, nadie puede a la vez tener la mano abierta y cerrada. Hay que elegir. Ella no eligió, lo quiso todo. Fin de la historia.
Es solo una historia. Un caso. Pero hay otros. Yo ya le llamo a ello el "síndrome de éxito social", ignoro si los psicólogos ya lo han estudiado o aún no; pero de los cuatro casos paradigmáticos que conozco, personalmente, de ese síndrome dos, a día de hoy, reciben tratamiento psiquiátrico y los otros dos cuando menos terapia psicológica. El caso del que me hablo ese conocido ni idea de que tal le va.
En los últimos años he dedicado mucho tiempo a tratar de comprender lo que acabo de decir y actualmente la teoría que manejo para tratar de comprender a las personas que padecen este síndrome es mucho más compleja. De hecho y de no ser por que una de las personas que mas me importan estoy convencido que lo padece hasta es posible que escribiera un libro sobre ello, en lugar de un post en un blog, dado el enorme número de paginas que tendría que llenar para contar lo que me parece haber descubierto.
Por eso, Marta, cuando un ser humano va hacer algo y antes de ver el resultado otro va y le dice algo como "me gustara" dejando implícito que si lo hace él lo hará bien y tratándose de algo de resultado tan dudoso como lo que me proponía que hasta los mejores profesionales que se dedican a ello a veces les sale un churro en lugar de lo que pretendían pues...
Pues sencillamente me imagino a una niña, idolatrada por todo un pueblo, a la que le dicen una y otra vez las palabras, miradas, gestos, poses de todo ese pueblo lo que tu vas hacer nos encantara. Y, a esa niña que tonta no es y que en el fondo sabe que también a ella como a cualquier otro ser humano algo le puede salir mal y no quedar "a la altura" de lo esperado...
Me la imagino temblando, por si pese a todo le sale mal. Temblando por si los demás descubren que también ella es de carne y hueso. Que también ella comete errores y que es tan capaz de meter la pata como cualquiera. A esa niña a la que nadie ve. Desplazada por esa otra niña, ficticia, que solo existe en la fantasía de los demás y a la que tanto admiran. Y, la niña tiembla pensando en en que sucederá el día en que toda esa gente que la admira descubran que en realidad lo que admiran no es más que un película mental que ellos se han gestado, secuestrándola en ella; convirtiéndola en un mero personaje de fotonovela, en la cual ella pone la cara para la foto y ellos le escriben la historia.
Una niña incapaz de sentirse amada, pues sabe que no la ven; nadie la ve. Nadie la conoce. Y, nadie puede amar a quien no conoce de nada. Una niña repleta de secretos.
Una niña que sabe que solo se gana a los demás cuando les vende la película que ellos quieren ver. Que solo se siente medio real, entre los demás, cuando la aplauden pues toda su vida le enseño que cuando no le aplauden para ellos ella no existe.
No, Marta, cuando yo voy hacer algo, mejor, esperemos a que lo haga y luego ya veremos si lo que he hecho nos gusta o no.
Sucede que, hace un par de noches o poco más, una amiga me revelo que el hombre de 47 años que soy yo ahora es un ignorante.
Cierto, lo soy.
Cierto, también, que se muchas cosas y a veces hasta muchas más de las que pudiera parecer y pese a ello no sé nada.
Yo sé, por ejemplo, hablar de amor; de lo que es y lo que no es el amor. De eso, cierto, sé mucho; o eso creo.
Pero lo que yo nunca supe fue dejar que el amor hablara. Dar rienda suelta a sus alas y que fuera suya y no mía mi boca.
... Esa amiga mía me lo revelo; sin querer o queriendo, que eso ya no lo sé. Pero lo olvidé, quise olvidar y olvide; lo que ella me revelo lo relegue a las pocas horas a lo más profundo de mi subconsciente y allí enterrado lo deje. Y, fue ya entonces como si nunca, jamás, nadie me lo hubiera revelado.
Más hoy, hace un momento, por azares de la vida, viendo, escuchando, una canción, un vídeo, buscando algo para alguien encontré algo...
Que no sé si le servirá. Pero ha servido para recordarme lo que había elegido olvidar. Que yo no sé pronunciar palabras de amor.
Hay una fabula que me contaron siendo niño y que, desde que la conseguí comprender, siempre me ha parecido especialmente ilustrativa de como son los seres humanos. Me llevo años lograr eso.
Os dejo un enlace para ir a una pagina que nos ofrece una versión moderna de esa fabula. Es la historia de la zorra y las uvas, originalmente de Esopo y por lo tanto con unos 2600 años de antigüedad.
Es sencilla, una zorra intenta comerse unas uvas, salta para poder alcanzarlas pero fracasa y tras darse por vencida afirma que las uvas estan verdes y por lo tanto no las quiere. La moraleja mas habitual que de ello se saca (de las muchas posibles) es que no debemos culpar a otros de nuestros fracasos.
Bien, admito que los seres humanos somos los animales más inteligentes que existen sobre el planeta que habitamos; pero desde luego no somos amigos de hacer uso "inteligente" de la inteligencia; preferimos, con frecuencia, autoengañarnos.
Pero...
Pienso una cosa...
Que con frecuencia es cierto que las uvas están verdes, por muy maduras que de lejos parecieran y que es precisamente al tratar de alcanzarlas que se descubre lo verdes que están. Que entonces se logre o no alcanzar esas uvas da igual; lo que importa es que no son las uvas que buscamos, persistir en vanos intentos por alcanzarlas o quedarse llorando por no poder llegar hasta ellas, todo eso, son formas de perder nuestro tiempo (tiempo que como todo "tiempo vivo" es limitado)...
Yo creo en la zorra. Que otros se burlen de ella; yo no lo hare. Ella solo quiere comerse unas uvas no "desesperarse" por que unas uvas verdes no se dejan alcanzar. Al fin y al cabo "uva que no se deja comer, es cualquier cosa menos uva madura" y el tiempo que podrías invertir en encontrar un buen racimo maduro y accesible con el que desayunar, mejor, no lo perdamos intentando una y otra vez alcanzar unas uvas que por estar demasiado altas, lejanas, huidizas, reticentes, insensibles y "mirando pa otro lao" siempre serán y estarán verdes.
Mejor ser una zorra lista que un humano tonto.
De hecho si te fijas en la zorra del video...
La zorra trata de alcanzar unas uvas y no lo consigue, cierto; pero aun lo es más que esas uvas están verdes. Y, bien verdes. Lastima que la pobre no se diera de cuenta antes y es que hay esfuerzos que no valen la pena; lagrimas y sacrificios que no sirven de nada. Un tiempo valioso que es mejor no malgastar buscando donde no hay. Simplemente ocurre que a veces las uvas maduras existen, claro, pero están en otra parte.
Ella a su casa, yo a la mía. Era la hora de la despedida.
Pero sin prisa alguna.
Y, entonces ella aprovecho y me hizo la pregunta...
"¿Qué significa inefable?"
Se lo dije, aquello que no puede ser expresado con palabras.
Pareció como si la respuesta le complaciera. Y, entonces se despidió...
"Hasta luego mi querido e inefable amigo"
Me quede sorprendido. Era obvio que llevaba largo rato con la despedida preparada y que hasta la pregunta formaba parte de ella.
Inefable fue para mí, en otros tiempos, un adjetivo muy usual. Pero jamás lo vi usar de esa forma. Me quede sorprendido. Pensando de donde y como habría nacido esa despedida.
Pensé que a alguien se lo oyó decir y dado que en su entorno ese adjetivo no se usa...
Supuse que había la despedida nacido en realidad en unos labios diferentes, ajenos y distantes...
Pense en otros labios, sí, en otros muy concretos, específicos, que me son conocidos y a la vez siempre y para siempre desconocidos.
En otros labios que nada pronunciaron.
Ahora, hace un momento, teclee la palabra en el buscador de Googlee y esto fue lo que encontré...
Se rompió el misterio.
Fue solo que por un tiempo se me olvido que el "lenguaje cotidiano" también existe.
No soy amigo de usar golpes bajos y menos de los de esa clase, pero me pudo la impotencia.
...Todo comenzó de forma inesperada, le conozco de hace tanto que ya no sé cuanto, pero hablando él saco el tema, me contó y descubrí que ese hombre tiene realmente algo que contar. No algo ingenioso, bonito y divertido, que eso yo ya lo sabía. Tiene algo más y de lo que nunca me había hablado. Y, lo sabe contar, que es igual de importante o aún más. Y, ese algo es algo que hoy necesitamos que nos cuenten; pero de verdad y mucho. Y, no lo quiere contar.
Cree que no le escuchara nadie. Y, esa fe en la sordera ajena le lleva a encerarse en su silencio.
Y, yo luche contra esa fe suya. Me dedique a ello con ahínco y volveré a ello. Pero todos mis ataques para debilitar su fe fracasaban estrepitosamente. No lograba hacerle ni cosquillas. Y, todo era inútil y... nada.
Entonces, sucedió...
Le golpee. Bajo. Pero que muy bajo. Donde nadie tiene defensa. Le recordé que tiene una hija de pocos años y que el mundo en el que esa niña va vivir lo estamos construyendo ahora, nosotros, entre todos. Y, él incluido, mal que le pese. Un nuevo mundo que construimos a base de actos y omisiones. Y, le pregunte que clase de mundo quiere para su hija y los hijos de su hija.
El presente es la cuna del futuro, incluido el de su niña, tras hacerle recordar algo tan simple me fue fácil pedirle una sola cosa “dime ahora que te vas cruzar de brazos”.
P.D.: Y, lo admito, pienso que debería sentirme avergonzado por lo que hice, pero también es cierto que no me avergüenzo.
" El problema con la buena gente es que es buena con todo el mundo"
Mariola
(...mi prima hoy, ahora mejor dicho, hablandome de alguien a quien no conoce y a este paso puede que ninguno de nosotros dos le llegue a conocer)
Aquel sábado, noche, me encontraba en un bar. Solo y esperando me sentía como un pulpo en un garaje. Para disimular me pedí un tequila y me senté en un lugar apartado. La espera se me hacía difícil. Fue entonces cuando alguien se acerca y me suelta quien es, por si no lo recuerdo y afirma de paso que el es un gran rompeguevos y esta orgulloso de serlo. Se quien es, el marido de una amiga de una gran amiga mía. Bueno, pues bien, al menos ahora tengo alguien con quien hablar. Pero el hombre no parece muy contento con mi forma de tomarme el asunto. No comprende que, pese a lo que dice, su charla me viene bien. Me mira y remira; finalmente con los ademanes de quien se saca un as de la manga me pregunta, ingenuo, si se lo que opina de mi su mujer. Mi cuerpo responde por mi: “ni lo se, ni creo que importe”. Pero el por lo visto si lo juzga importante y con una sonrisa viciosa va y lo dice: “ pues ella piensa que eres buen chaval, pero un poco imbecil”. Vuelvo a encogerme de hombros, la verdad es que estoy indefenso. No le puedo decir lo que de verdad opino por dos razones primero por no arriesgarme a ponerlo en fuga; segundo. por si fuera amigo de la persona que estoy buscando y tercero porque no soy capaz de traicionar a mi amiga contando a este hombre, por ejemplo, porque su mujer se sigue acostando con él. Por lo tanto, me preparo para pasar un rato largo tragándome la vergüenza ajena que ya me asalta y me consuelo que es un precio pequeño a pagar si con ello logro que la espera me pase más de prisa.
Mi actitud, por lo visto le decepciona. De nuevo se me queda mirando, se le ve pensar y finalmente me lanza otra pregunta, que si se algo de ordenadores, que algo si, claro, pero que más bien poco y que de hecho yo incluso diría que nada, le respondo y no se que le pasa que de repente su estatura parece aumentar unos dos o tres centímetros a la vez que me suelta un “¡levántate!” como yo no le había escuchado a nadie desde mis años de niño y escuela franquista. Se diría que le parece natural que yo obedezca y por supuesto lo hago. Me señala sobre una mesa un ordenador y me ordena encenderlo, pero no hace falta, me siento, muevo el ratón y ya aparece el escritorio. Entonces oigo una nueva orden entrar en Google y entro. No sin antes quedarme por un momento mirándolo, preguntándome de que va y a la vez reprochándome a mi mismo por ser un mal pensado y pidiéndole a los cielos que no este pretendiendo obligarme a mostrar toda mi ignorancia en informática para acto seguido dejar bien claro que opinión le merece a él, y a toda persona digna de respecto, que haya en el mundo personas tan patéticamente ignorantes como un servidor … si no al contrario, que lo que este buen hombre intenta es darme unas clases gratis con las que tratar de paliar mi susodicha ignorancia.
El caso es que me llega una nueva orden. Teclear un nombre; cosa fácil, incluso para mi, por lo que sorprendido porque no me ordene vete tu a saber lo que, de nuevo me lo quedo mirando y le pregunto que nombre quiere que teclee. En mala hora se me ocurrió preguntar, pues ostentosamente hizo gala de que opinión le merece quien no sabe elegir un nombre por si mismo. Que cualquiera, de acuerdo, obedezco.
Así como os cuento fue como comenzó el final de esta historia. Mientras daba gracias por el hecho de que su desprecio solo fuera expresado con gestos y no con hirientes palabras, teclee un nombre y dos apellidos. Y, enseguida me llega la nueva orden. “¡ dale al enter!” y yo le doy. Se le puso entonces la misma cara que se me pondría a mí si viera un cerdo volando. Por un momento temí haber hecho algo mal. Ante aquella cara me quede sin saber que hacer, lo confieso, por fortuna el vino en mi ayuda con una nueva pregunta en ese tono suyo que ya me era familiar. En momentos como ese que alguien te haga una pregunta cuya respuesta conoces y nadie te lo puede poner en duda, la verdad es que, se agradece. Corrí a responderle pues no sabía si volvería a tener ocasión de satisfacer alguna de sus preguntas futuras y quería dejar claro que esta al menos si sabia responderla.
Era mi propio nombre y con mis dos apellidos. Pero si esperaba que me felicitara por saber al menos eso me equivoque, totalmente, pues entonces si que puso una cara rara que no doy con la forma de describir. Recomponer la cara le llevo un tiempo, pero tras conseguirlo de nuevo pregunto, y en un tono nada habitual en él, si de verdad ese era mi nombre. Eso si que me dolió. Una cosa es que me digan a la cara que soy imbecil y otra muy diferente que no se corten un pimiento y me suelten que hasta dudan si sabre o no como me llamo. He de confesar y confieso que por un instante perdí el control y lo que yo opinaba y de verdad sentía se adueñaron de mi mirada, mi cara, de mi cuerpo todo y de mi voz. Se quedo entonces mirando el monitor, como si le buscara grietas, primero para bajo, luego para arriba, una vez más para bajo y otra para arriba y vuelta a empezar. Yo esperaba una explicación, una orden, algo, pero no hubo nada de eso. Pasaron unos segundos más, se dio la vuelta y se fue. No lo he vuelto a ver desde entonces.
Con frecuencia me he preguntado que le sucedió aquella noche.
Llegue a pensar que fue mi modo de tomarme el asunto lo que le termino cansando y puso en fuga. Pero hoy creo saber la verdad. Leyó los resultados de la búsqueda que dio Google. Creyó que todos esos Manuel Fernández Martínez que llenaban el monitor eran paginas mías o relacionadas conmigo. Que yo era todo lo contrario de lo que decía ser. Se sintió burlado, humillado y huyo.
…Así fue como una vez más el pobre de Miraflores se quedo encadenado a su amarga soledad.