27 diciembre 2009
Cosas de la vida
25 diciembre 2009
09 diciembre 2009
Cuando me llegue la muerte
05 diciembre 2009
El miedo y el dolor
04 diciembre 2009
Con Sofi me ha llegado la Navidad
Hace de ello muchos años, en esas fechas, sin jugar, me toco la gran lotería de mi vida. Entonces no lo supe valorar y lo perdí. Pero desde entonces cada Navidad vuelvo a soñar...
Hasta que los reyes magos me despiertan con carbón.
Y, lo admito, estoy usando metáforas, pero no es solo metáfora.
Sofi del Al Este Epem me ha ofrecido un "regalo navideño", la participación en un decimo de lotería y ahora copio y pego...
"Carlos, del blog ALAS DE PLOMO, regala un décimo de lotería para el sorteo de Navidad a celebrar en Madrid el 22 de diciembre de 2009.
El décimo se reparte entre los blogueros y blogueras que cumplan las normas siguientes:
-Publicar un artículo haciendo referencia a esta iniciativa de Carlos, enlazando el artículo original,
Regalamos Lotería de Navidad 2009
-Proponer al menos 5 blogs para participar de este regalo, ya que como bien dice Carlos, se trata de compartir suerte e ilusión con nuestras y nuestros amigos blogueros.
-Incluir los blogs que hemos elegido y debidamente enlazados en nuestro blog
-Escribir un comentario en el artículo publicado y enlazado al artículo publicado
Al escribir el comentario al artículo, en el blog de Carlos, éste nos confirmará el número de participación.
El plazo para participar y escribir el artículo finaliza a las 24:00 del día 20 de diciembre de 2009.
El décimo está depositado en la administración Z-13 Lotería, nº de teléfono 976 235 769 y sita en Gran Vía 36 de Zaragoza
Añadir que el sorteo es para blogs que estén funcionando antes de la fecha de publicación del artículo original.
Los premios son los que figuran en la imagen siguiente del décimo":
Los blogs elegidos son los siguientes:
Yo, samurai de Jóse Antonio
Artes marciales internas de Vanetai
A través del espejo de Alicia de Alicia
LIGHT de Manuela
Pa´lante del amigo Nes
25 noviembre 2009
Algo me sucede.
No lo sé. Pero paso.
Y, fueron pasando los años.
Y, las décadas.
14 noviembre 2009
Del sabio, el falso sabio y una tontería
05 noviembre 2009
Dudar
Debería avergonzarme.
No soy amigo de usar golpes bajos y menos de los de esa clase, pero me pudo la impotencia.
...Todo comenzó de forma inesperada, le conozco de hace tanto que ya no sé cuanto, pero hablando él saco el tema, me contó y descubrí que ese hombre tiene realmente algo que contar. No algo ingenioso, bonito y divertido, que eso yo ya lo sabía. Tiene algo más y de lo que nunca me había hablado. Y, lo sabe contar, que es igual de importante o aún más. Y, ese algo es algo que hoy necesitamos que nos cuenten; pero de verdad y mucho. Y, no lo quiere contar.
Cree que no le escuchara nadie. Y, esa fe en la sordera ajena le lleva a encerarse en su silencio.
Y, yo luche contra esa fe suya. Me dedique a ello con ahínco y volveré a ello. Pero todos mis ataques para debilitar su fe fracasaban estrepitosamente. No lograba hacerle ni cosquillas. Y, todo era inútil y... nada.
Entonces, sucedió...
Le golpee. Bajo. Pero que muy bajo. Donde nadie tiene defensa. Le recordé que tiene una hija de pocos años y que el mundo en el que esa niña va vivir lo estamos construyendo ahora, nosotros, entre todos. Y, él incluido, mal que le pese. Un nuevo mundo que construimos a base de actos y omisiones. Y, le pregunte que clase de mundo quiere para su hija y los hijos de su hija.
El presente es la cuna del futuro, incluido el de su niña, tras hacerle recordar algo tan simple me fue fácil pedirle una sola cosa “dime ahora que te vas cruzar de brazos”.
P.D.: Y, lo admito, pienso que debería sentirme avergonzado por lo que hice, pero también es cierto que no me avergüenzo.
01 noviembre 2009
De la belleza
...Y, os comprendo si pensáis que traigo esto a cuento aquí para presumir de amiga, lógico, natural. Yo podría pensar lo mismo. Pero no, ese no es el motivo. Sucede que hay algo que quiero decir.
Veréis:
Pero hay algo más que quiero decir y no le conté:
La verdadera belleza de esa mujer os aseguro que no se puede fotografiar, o no sería mi amiga.
28 octubre 2009
De la libertad y el amor
La libertad se gana, no se regala. En cambio el amor nos gana pero se regala.
Digo yo que dicho de esta forma suena...
...No sé como suena, pero no como quiero que suene.
...Pero sigo sin encontrar un modo mejor de decir lo que quiero decir.
Y, busco y rebusco las palabras y no hay modo!!!
19 octubre 2009
16 octubre 2009
Vivo en un mar de preguntas...
05 octubre 2009
Resulta curioso
30 septiembre 2009
15 septiembre 2009
Un ser sin nombre
Una hora después, poco más o menos, termine lo que estaba haciendo y baje. Esperaba unos cuantos pollitos pero encontré algo diferente.
Un pato de pocos días.
Una prima nuestra lo acababa de traer, como regalo para mi sobrina.
Acostumbrado a vivir entre animales, los patos, sin embargo, me son desconocidos. Les tengo visto por supuesto, sobre todo en la infancia, hacer su vida en el río cercano, mas eso no es conocer un pato. Se necesita más.
Por primera vez en mi vida mire y realmente vi un pato. Es decir mire pero para saber que era lo que estaba mirando. Quise comprender.
No estaba preparado para lo que vi. Aún ahora no lo estoy de todo.
El pato, ese ser, esta vivo. Es consciente de sus necesidades y lucha por satisfacerlas y sin embargo es un ser pequeño e indefenso, fácil de aplastar y cuya vida no le pertenece. Depende del capricho ajeno. Busca ayuda, colaboración, clama por ella. Le observe de cerca y no se asusto, pero no le gusta que lo toque y pese a ello le encanta tenerme cerca. Sufre cuando nos pierde de vista. Y, a mi madre, por ello, le da pena. El pato la sigue a todas partes, a través de la huerta, se queda con ella, se le mete y queda entre los tobillos y solo entonces el ser sin nombre parece encontrar el hogar, la seguridad y cobijo en el mundo y ser feliz.
Ahora, en tan solo un mes ya ha crecido un montón, pero sigue siendo el mismo pato.
… Y, yo aún siento su mirada puesta en mi el primer día, la de un ser buscando un amigo en la vida.
Alguien con quien ser en la vida...
Su pupila de apariencia humana me hablaba de indefensión y yo me sentí reflejado en esos ojos suyos y conmigo a toda la humanidad. Me resultaba patente que ese ser deseaba vivir aún más que yo y que estaba luchando por encontrar su sitio en la vida de un modo que yo ya no sé hacer pues incluso con desesperación, de ser necesario, pero lucha y no sabe lo que es rendirse.
Es cierto que nuestro pato es un ignorante y que eso explica muchas cosas, pues los seres a los que les estaba pidiendo aceptación y refugio, aunque él lo ignore comen pato.
… Pero a este pato desde luego nadie se me lo va comer. Me ha hecho su amigo y es mi maestro.
12 septiembre 2009
El que sabe lo hace y el que no enseña

Lo acabo de soltar tal cual en un blog ajeno.
Me resulto de lo más fácil.
Y, sin embargo...
Hoy, ahora mismo, estoy tan ocupado llorando lo malo que no solo desaprovecho lo bueno, es que además lo hago imposible.
Por eso la vida que vivo parece hacer aguas por todas partes, no lo hace pero lo parece. Lloro lo imposible en vez de celebrar lo posible.
(¡Tengo una disculpa!, eso por supuesto...
… Siempre hay una disculpa a mano. Claro.
Pero, que la haya es precisamente lo que más me asusta).
29 agosto 2009
Del arte de ser feliz sin pedir nada a cambio
24 agosto 2009
ADNAN

12 agosto 2009
Las lágrimas de San Lorenzo
- Desde que conozco le existencia de las Las lágrimas de San Lorenzo, la noche del 11 al 12 de agosto... año tras año... haber nacido en esta noche, hace ahora 46 años, siempre me parece raro... y de un modo... ¿infantil quizá?... no puedo dejar de preguntarme... ¿Serán las Perseidas, esta lluvia de estrellas la forma en que el mundo, aun sin yo saberlo, celebra mi nacimiento?
… ¡Millones de nosotros nacimos una noche, un año u otro, bajo esa lluvia de estrellas!
Soy uno más.
Y, sin embargo y aun así. La pregunta persiste... ¿Serán las Perseidas, esta lluvia de estrellas la forma en que el mundo, aun sin yo saberlo, celebra mi nacimiento?
Por eso siempre acabo preguntándome lo mismo... ¿Los demás nacidos un doce de agosto se harán la misma tonta pregunta, que año tras año me hago?
El poeta
Era una tarde, de verano creo recordar, una tarde como otra cualquiera. Una tarde que no cambio nada, pero sin la cual yo no conocería el final de esta historia.
Aquella tarde...
Me encontraba trabajando en el hospital Provincial de Santiago de Compostela, en la segunda planta, en el pasillo de la izquierda según se sube. Éramos varias enfermeras, dos auxiliares y un celador para atender a los pacientes de unas dos docenas de habitaciones. Y, de momento todo había ido como debía ir, sin problemas. De hecho es aun así como transcurre aun hoy aquella tarde en mi recuerdo.
Y, sin embargo...
Sobre las cinco, la hora en que auxiliares y celador van habitación por habitación buscando pacientes que levantar al sillón, que movilizar en la propia cama si ni sentarse pueden, a la búsqueda, caza y captura de pañales sucios que sustituir por otros... y, en general a cualquier otra cosa que de cerca o de lejos tenga algo que ver con la comodidad de los pacientes... fue en ese momento, que las palabras de las dos auxiliares y una de las enfermeras me interrumpieron mis propios pensamientos, que ya no recuerdo cuales eran.
...Entre ellas hablaban de un paciente, “que no se os olvide... bla, bla, bla”.
No recuerdo lo que. Mirarle esto o lo otro, supongo que lo de costumbre, un “ver si...” o un “mirar que...”, lo que fuera, da igual. Importa que ellas parecían conocer al paciente, de los días anteriores y aunque yo aun no lo había visto, por las palabras que eligieron para referirse a él, sentí, que de las cuatro personas que en ese momento nos encontrábamos en esa parte del pasillo, las tres que hablaban y el que solo escuchaba, de las cuatro, solo este ultimo, quizá, supiera realmente de quien estaban hablando.
Hoy en día, en nuestra sociedad, tarde o temprano, todo el mundo acaba pasando por el hospital. Por ese edificio desfila la sociedad entera, como visita, cuando solo se visita; como acompañante, cuando toca y como paciente, cuando mal que nos pese también nos toca serlo. Por eso no tenia nada de extraño, que allí, aquella tarde, un paciente, de entre unos cuarenta que habría, pudiera ser conocido mío. Si acaso lo que me sorprendía es que tras diez años sin tener noticias suyas el “poeta” hubiera vuelto a aparecer en mi vida.
En efecto, era él.
Estaba solo, entre sabanas de la única cama de una habitación individual. Si consciente o inconsciente imposible saberlo. Respirando con dificultad. La piel húmeda por un sudor que no pareció provenir para nada del calor de aquel verano.
Allí estaba.
Pronuncie su nombre, pero creo que nadie me oyó, ni la auxiliar demasiado ocupada atendiéndolo, ni él, cuyo cuerpo estaba allí y su mente, estoy seguro, en alguna playa del sur de España, que piso en su juventud.
El hombre agonizaba. Solo.
Solo, sin nadie que se doliera a su lado.
Solo, sin nadie...
Solo...
¡No!
¡Yo sé que solo no!
Allí, cierto, no había nadie más que una auxiliar, un celador y un cuerpo moribundo.
Pero el hombre que habito ese cuerpo, cuando yo le conocí ya estaba muerto. No muerto de la muerte que a todos nos ha de llevar, eso es verdad, pero muerto y bien muerto. Muerto de “muerte blanca”, de esa clase de muerte que se te lleva sin dejar rastro, huella ni cadáver. Esa clase de muerte que los médicos no llaman así. Esa clase de muerte cuya existencia solo unos pocos sospechan y todavía menos conocen...
Perdonadme, no me estoy explicando.
Pero permitidme ahora que os cuente como conocí a este hombre, cuyo cuerpo vi. agonizar.
Fue hace de esto unos diez años, más no creo. Una noche. En Santiago de Compostela. Finalizando el curso. En una fiesta de estudiantes. En un piso alquilado por tres de esos estudiantes y un pintor y poeta que se ganaba el pan ofreciendo sus poemas y pinturas por las calles de Santiago.
Yo que recuerde, nunca antes le había visto y aquella noche tampoco me había a mi venido a cuento fijarme en él. Era simplemente uno más de los treinta o cuarenta que por allí andábamos, entre alcohol, música,…
Ni el se fijo en mi, ni yo en el.
Pero al final,...
En fin, las cosas no siempre terminan siendo como empezaron.
Por una vez que realmente me lo estaba pasando bien en una fiesta, va y surge un mal rollo de celos, si de esos que revientan cualquier animo festivo y que por supuesto aquí no vamos a relatar, pero que... me retiene clavado en el lugar de donde ya me habría ido de no ser por el mal rollo y mi intento de neutralizarlo, disolverlo y eliminarlo. Así fue como le conocí.
Fuera porque los malos rollos espantan a la gente o porque ya fuera hora de continuar la fiesta en otra parte o por una combinación de ambas razones... Cuando me di cuenta el lugar parecía desierto. Allí solo quedábamos una mujer secándose las lágrimas y, yo que continuaba sin entender muy bien lo que había pasado. Dos personas, no ya treinta o cuarenta, pero tras percatarnos del que nos pareció repentino silencio, decidimos irnos, salir, Pero, no pudo ser. Algo nos detuvo.
Yo probablemente me habría ido sin más de todos modos, pero ella es unas diez veces más compasiva que yo para esas cosas y para colmo su perspicacia para detectar esas cosas es, tirando por lo bajo, otras diez veces mayor que la mía. Por lo tanto, no nos fuimos, nos quedamos.
Un rato más.
Sentado en el suelo, al lado de la puerta por donde habían salido todos los demás había un hombre.
Ella se paro, se acuclillo a su lado, con la derecha, al hombre le levanto el rostro que este tenía enterrado en el pecho. El hombre la miro, “se han ido”, le dijo. “¿y, tu?”, le pregunto ella y el hombre se encogió de hombros y volvió a enterrar el rostro. Así que nos quedamos.
Uno sentado, una acuclillada, otro de pie; y, pronto uno sentado y dos acuclillados; pero, finalmente, allí solo había tres personas sentadas. Fue entonces, cuando por fin el hombre pareció comprender que no nos pensábamos ir hasta que no respondiera a mi compañera de un modo que a ella le pareciera satisfactorio.
Volvió el hombre a levantar la cabeza, esta vez por iniciativa propia, nos miro y fue entonces cuando comenzaron sus lagrimas y con ellas su relato.
Se remonto a los días en que salió de la cárcel, nos contó lo que le había llevado a ella, como era él entonces y como lo miraba la gente que el respectaba.
Para alguien como yo es difícil saber lo que se siente cuando todo tu entorno te admira. Por eso soy consciente de que no fui capaz de comprender todo lo que nos dijo.
El caso es, en la medida que lo comprendí, que el si era admirado. A los ojos de toda la gente que le importaba él era un héroe, el hombre ideal hecho carne y hueso. El veía esa admiración en esos ojos y sus propios ojos se llenaban de ella. Pero, si también él se tomo así mismo por un heroico ejemplar de ideal de hombre... yo eso ya no lo sé.
Solo nos contó que así fue como entro en la cárcel, como permaneció en ella y también como salio de ella. Lo que si nos aseguro es que siempre se considero un hombre valiente y demostró serlo una y otra vez. Al fin y al cabo pocos pueden presumir de ser uno del primer puñado de insumisos que entre ir a la cárcel y hacer la mili osaron no hacer caso al miedo.
El fue uno de ellos, en esa época en que los insumisos iban a la cárcel sin saber que iba ser de ellos una vez dentro. No como iban años más tarde.
Fue al salir de la cárcel cuando su vida dio un brusco y definitivo giro.
Deicidio quitarse el olor a rejas viajando al sur.
Al principio todo fue bien.
Conoció una mujer, que le ayudo a quitarse ese olor y no solo en las aguas de una playa. De hecho el olor se fue, pero no solo el olor, con el se fueron muchas otras cosas. Se le fue el interés que tenía por las mujeres, si no era por esta en concreto. Se le fue la seguridad que sentía en si mismo. Perdió la sensación de libertad que ni dentro de la cárcel había perdido. Perdió el placer de depender solo de si mismo.
Se enamoro.
De repente el amor y el sexo dejaron de ser un hermoso pasatiempo.
Antes era una fiesta, ahora en cambio un compromiso.
Nuestro hombre se asusto.
Se fue.
Huyo.
Tomo el tren y se dispuso a perderse en la distancia.
Y, ella quedo atrás.
Pero seguía en él. De alguna manera no lo dejaba. Mirara a donde mirara, hiciera lo que hiciera, tratara de pensar en lo que tratara de pensar, seguía sintiéndola, como se siente a la persona amada, cuando se ama de verdad.
Comprendió que estaba loco.
Loco de miedo.
Que no era libre sino esclavo del miedo.
Y, se bajo en la siguiente estación.
Y, tomo de nuevo un tren.
Pero, cuando el nuevo tren llego a la playa, cuando de nuevo el hombre piso la arena...era tarde.
El aun estaba huyendo cuando ella entro en la mar y ya no salio.
Entonces, pareció, por largo rato, que el hombre ya no tenía nada más que decir. Los tres permanecimos en silencio.
Y, el hombre volvió a hablar. Sobre lo estúpidos que somos los seres humanos, lo fácil que le resulta al miedo, la vanidad, la ira, la presunción... hundirnos la vida. Lo peligrosos que son los silencios.
La importancia que tiene no confundir traicionarse a uno mismo con ser fiel a uno mismo.
Lo vital que resulta, en lo que de verdad importa no mentirse a uno mismo.
En que la libertad consiste en no ser perfecto y saber no avergonzarse por ello.
En que no basta con amar, si no se sabe amar.
Que amar no es necesario, pero fingir amar es de tontos y fingir no amar de locos.
Que al final todos vamos dar a la mar y entonces ya es tarde. Que lo que haya que hacer debe ser hecho antes.
Que esperar el momento oportuno es la forma más segura de perderlo
… y, el hombre hablo y hablo.
Y, entonces, por su boca salio el más bello poema de amor que pueda existir. Os lo juro.
Y, volvió el silencio.
Luego, dijo solo una cosa “lastima que no lo haya apuntado, ahora ya nadie lo recordara”.
Entonces ella, mi compañera, se levanto, en dos zancadas atravesó la puerta y se lanzo a correr escaleras a bajo. Me levante, espantado y corrí tras ella, saltando las escaleras de tres en tres y de cuatro en cuatro... movido por el miedo a que ella saliera a la carretera en ese estado. La atrape justo en el portal. Ahora era ella quien lloraba. La abrace y nos fuimos a casa.
Que yo recuerde jamás volvimos hablar de aquella noche, y nunca le pregunte que la hizo correr de ese modo, pero tampoco me hace falta. La conozco muy bien.
Diez años más tarde, el cuerpo agonizante de un mendigo, era todo lo que mis ojos podían ver del poeta de aquella noche. Pero, hasta el día mismo en que mi propio cuerpo agonice yo tendré en mi memoria, fresco, el recuerdo de aquella noche, de la persecución escaleras abajo y de un poema que ya nadie recordara, ni yo siquiera y que sin embargo jamás se me olvidara.
04 agosto 2009
El amor, esa palabra...

Internet


31 julio 2009
Sobre la filosofía, el teatro y la locura
Para este buen hombre la locura era solo puro teatro y nada más y los locos gentes que nos toman el pelo, aprovechándose de nuestra ignorancia e ingenuidad para reírse de nosotros.
Tan convencido de ello estaba que se decidió a demostrar ante una manada de incrédulos que estaba en lo cierto.
La demostración era sencilla, “actuare como un loco, pensare como un loco, sentiré como un loco”,
(la cita, por supuesto, no es literal). Entonces el filosofo se convirtió en actor y tanto, pero tanto, se metió en el papel...
… Que termino loco de verdad.
Lo que prueba que en efecto la locura existe y no es cosa de cuerdos jugar con ella.
Bueno, eso es lo que cuentan. Mas yo me pregunto una serie de cosas...
¿No sera más bien cierto que el resultado de lo acontecido fue otra cosa?
¿No sera que tomar el pelo a la gente es tan divertido que una vez comienzas no das parado?
Que el teatro transmuta almas, corazones y miradas es por todos bien sabido. Ese es el don del arte.
Lo hace con las almas, corazones y miradas del publico por supuesto, ¡cuanto más no lo hará en el alma, corazón y mirada del actor!
¿Fue eso acaso lo que de verdad aconteció?,
¿Llego el teatro y obro el prodigio?
¿Vivió y murió el filosofo enamorado de su papel, pero papel al fin y al cabo?
A ciencia cierta lo único que sé es que yo si voy vivir y morir sin llegar jamás a conocer la respuesta.
(Nota : Esta entrada tiene más de un culpable y es consecuencia del efecto combinado y travieso que en quien esto escribe produjo recordar a la vez dos entradas distintas en respectivos blogs ajenos, el de Nes y el de Alicia.)
29 julio 2009
De la amistad (III)

23 junio 2009
El arte del espejo ( I )
“El color del agua parece ser el color del vaso que la contiene"
Sabía que tarde o temprano esta cita me iba venir a cuento. (Es de Idries Shah ).
Bueno, a lo que voy es lo siguiente:
Hace de esto media vida sucedió algo...
Ella y yo nos gustábamos y una tarde, noche, nos acostamos, vale, todo normal. Me contó que también se acostaba con el hombre que me la había presentado, vale, todo normal. Cuando ella se lo contó, él no puso objeción, al contrario, vale, todo normal, insisto y además muy civilizado todo, daba gusto.
Pero la cosa cambio un par de semanas después.
A él le dejo de hacer gracia el asunto. Solo eran amistades “con derecho a roze”, pero decidió, o de repente descubrió, que en realidad ella le importaba demasiado. Consecuentemente le dio a elegir entre él o yo.
Ella ni se lo pensó, lo tenía muy claro y se quedo con él.
Por supuesto los tres seguíamos siendo buenos amigos. Todo muy civilizado. Vale, hasta aquí, repito, todo muy normal.
El caso es que dos o tres semanas después, en una de esas fiestas que por entonces hacíamos, le tire los tejos a su hermana, la hermana de ella se entiende.
...Al enterarse la reacción de ella fue poco más o menos quitarme el saludo.
Y, esto... pues ya no me parece para nada normal.
Un par de años después, por no me acuerdo que razón, lo conté a una amiga y su medio novio.
Las risas las puedo aceptar. De verdad. Supongo que puede tener su gracia. Pero la cosa cambio cuando afirmaron entenderlo. Eso me hirió y verme de esa forma herido les hizo troncharse aun más. Lo que me ahondo la herida.
Entonces baje la cabeza; dolido de verdad por tener que hacer lo que iba hacer...
Y, dije entonces la ...“verdadera verdad”, dicha esta vez para que incluso gente normal, de esa que puede haberse tronchado con esta patética historia que tuve la mala suerte de vivir... pueda entender
que es aquello de lo que realmente quiero hablar.
La verdadera verdad, os la cuento ahora:
Elena y yo nos gustábamos y una tarde, noche, nos acostamos, vale, todo normal. Le conté que también me acostaba con Ana, la mujer que me la había presentado (una amiga suya), vale, todo normal. Cuando conté lo sucedido a Ana y que iba continuar sucediendo no puso objeción, al contrario, vale, todo normal, insisto y de lo más civilizado.
Pero la cosa cambio un par de semanas después.
Ana se lo pensó y le dejo de hacer gracia el asunto. Solo eran amistades “con derecho a roze”, pero decidió, o de repente descubrió, que en realidad yo le importaba demasiado. Consecuentemente me dio a elegir entre ella o su amiga Elena.
Ni lo pensó, lo tenía muy claro y me quede con Ana. Muy educadamente, se lo explique a Elena.
Por supuesto los tres seguíamos siendo buenos amigos. Todo muy civilizado. Vale, hasta aquí, repito, todo muy normal.
El caso es que dos o tres semanas después, en una de esas fiestas que por entonces hacíamos, me entere que Elena le había tirado los tejos, nada más y nada menos, que a mi propio hermano.
Seguro que me entendéis pues al enterarme de lo sucedido, ni corto ni perezoso, más o menos, a Elena, le quite el saludo.
Dicho esto...
¿No me negareis que la cosa cambia?
¿Es la misma historia?
No lo parece, para nada y sin embargo lo es. ¿Donde esta la diferencia pues?
Da igual cual de esas historias sea verdadera; que ambas sean o no falsas da también lo mismo. Solo me importa que la historia es una, solo una y no dos, pero según el marco desde el que la contemos adquiere para nosotros un significado u otro.
Es frecuente ser incapaz de juzgar una historia en base a lo que se cuente en ella. Y, acabar haciendo lo solo en base a quien le ocurre o lleva a cabo lo contado.
Y, sin embargo el significado de la historia, incluso y precisamente, puede que por ello nos parece obvio.
Por eso es bueno saber mirar las historias desde el otro lado del espejo, cual si fueran un reflejo invertido de ellas mismas, darles la vuelta, cual calcetines para mirar que nos ocultan al otro lado...
Me estoy alargando... ¿Verdad? Lo siento. Pero ahora, por fin, voy al grano y ahora te escribo ya solo para t:
Da igual quien te cuente algo.
Da igual sobre quien te lo cuente.
Únicamente importa lo que te esta contando.
¿Es justo lo que te cuenta?
¿Esas acusaciones son ciertas o falsas?
¿La argumentación que usa es valida y se apoya sobre una descripción veraz y completa de los hechos?
Puede ser tu mejor amigo quien te lo cuente o tu mayor enemigo, en serio, da igual.
Importa, solo, lo que de verdad esta diciendo y lo que hay tanto de cierto como de falso en ello.
Nada más.
La próxima vez que alguien, por ejemplo, te lance a la cara una acusación, parate y analiza su contenido.
Antes de sentirte culpable preguntate que pensarías de otra persona cualquiera que en tu mismo lugar hubiera hecho y dejado de hacer lo que hiciste y lo que no.
Mira tu propia historia igual que si te fuera ajena.
No puedes sentirte inocente únicamente por ser tu la protagonista de las historias que me has contado. Pero, por eso mismo, tampoco puedes ni debes ya solo por eso, sentirte culpable.
¿Qué clase de juez eres?
No hay juicio justo sin abogado defensor. ¿Donde esta el tuyo?
¡Solo escuchas al fiscal!
Aprende a juzgar por ti misma. Es fácil.
Cambia el “sujeto” de la historia. Ese es el secreto.
18 junio 2009
De la amistad ( II )
Valiente era un chucho, de raza indiscernible, pero que en mi opinión debía tener bastante de galgo. Vivía en la calle; en la misma en que vivíamos Noelia y yo.
Noelia se aficiono a él. Metía unos huesos, siempre que los había, en una bolsa y la bolsa en su bolso. Si al salir encontrábamos a Valiente bolsa y bolso se habrían y Valiente, con su rabo bailando tras él, recibía unos huesos.
Eso fue todo durante unos meses.
Aquella tarde en cambio no había huesos. El cielo estaba más o menos despejado, pero amenazaba lluvia, por lo tanto tomé un paraguas y Noelia y yo salimos a dar una vuelta. Éramos felices.
Caminábamos, juntitos y traviesos.
En un momento dado, doblando una curva, no me acuerdo que me hace ella y yo, a la vez que ella se me escapa, hago ademán de darle con el susodicho paraguas. Y, es entonces cuando Valiente aparece de la nada, materializándose cual por ensalmo entre ella y yo. Allí tengo al chucho, plantado, cual si estuviese clavado a la tierra, asfalto en realidad, firme, erguido todo lo erguido que puede estar un perro cuya talla alcanza poco más o menos mi rodilla, gruñendo, asustado, pero mil veces, cien mil, más decidido que asustado. Puedo hundirle dos costillas de una patada pero esta aun más claro que no podré acercarme a Noelia sin pasar antes por encima del cadáver de Valiente. Eso él lo tiene muy claro y sabe como dejármelo también claro a mi.
Veo lo que estoy viendo y me quedo tan clavado como él. No me lo doy creído. ¡De donde salio!
Lo mismo le pasa a Noelia. Por un momento tampoco ella se lo cree, tarda un poco más que yo en comprender que el chucho la esta defendiendo. No es en ella en la que tiene clavados los ojos. Pero Valiente no quiere atacarme como ella por un momento piensa; Valiente solo quiere que sea yo quien no ose atacarla a ella.
Y, claro, por supuesto yo de osar nada.
Es entonces cuando ella por fin y tras mirar a uno y otro comprende y comienza a partirse de risa. Valiente aparta entonces su vista de su enemigo y mueve la cabeza, conoce la risa humana, oye la de Noelia, sabe que algo esta pasando, que necesita comprenderlo, que no lo consigue. Pero su pose no cambia. Sigue enfilándome. Solo su cara cambia. Muestra ahora un semblante que duele verlo de tan obvio que resulta que su desconcierto le hace sufrir. Pero es a la vez graciosísimo y también yo comienzo a partirme de risa, claro.
Tras recuperarse un poco de la risa que no la abandona, Noelia se acerca a Valiente y por primera vez lo toca y acaricia a la vez que, entre más risas, con voz suave y cariñosa, le explica que no, que de eso nada, que soy un amigo y etc. Pero Valiente no se deja convencer fácilmente, que va, le lleva un rato, finalmente yo me acerco a ella y no pasa nada, Noelia sigue con él, acariciándolo, acuclillada a su lado y yo a su lado, aun palmo de ella.
Por supuesto y pese al final feliz de la historia Valiente jamás fue mi amigo, ni quiso y yo por supuesto nunca más volví a jugar con un paraguas delante de Valiente.
Hace unos meses, un par, volví a pasar por la misma calle, pero Valiente ya no estaba. Y, sin embargo fui, con la esperanza y único propósito de verlo, inconsciente de que los años no pasan en balde y que dada la edad media de vida de un perro, valiente hace ya mucho que ha muerto.
…Y sin embargo, vivirá siempre en mi recuerdo.
13 junio 2009
De la amistad ( I )
09 junio 2009
Aliento y danza

La mujer de la que os hablo, de nombre impronunciable…
Tiene los cabellos negros y los ojos de un azul gris que recuerda el verde y con los que traspasa todo lo que ella mira, incluido quien esto escribe.
Tiene esa voz a la que no le hace falta decirte “hola” para hacerte saber que te celebra y que es consciente te tu presencia.
Tiene ese modo de moverse que solo tienen las mujeres que no necesitan recordarle a nadie que son mujeres.
Tiene, por si fuera poco, el coraje de mirar la vida de frente y aún así sonreírle.
Ayer descubrí uno de sus secretos; no su nombre verdadero, peroal menos es algo:
... Tiene ella alma giróvaga y baila con su falda, larga falda, cual Venus entorno al Sol.
06 junio 2009
El secreto

Hace unos años. Muchos.
Una tarde de verano...
Una joven sale del trabajo. Fuera la esperaba el novio ( vamos a llamarlo así). Estaba feliz. Acababa
de cobrar su sueldo, por primera vez en su vida. Irradiaba.
Juntos emprendieron el camino. Hostal de los Reyes Católicos, Rua do Franco, finalmente uno de esos pasos de peatones que unen la parte vieja con la nueva de Santiago de Compostela y tras cruzar ese paso de peatones a tres o cuatro metros, no más, se oye, ve, una mujer, la cabeza gacha, oculta entre la melena, ella en el suelo, medio acuclillada, medio arrodillada, llorando audiblemente mientras deja ver la palma abierta de una de sus manos.
¿Qué sucedió entonces?
El novio no comprende. La joven se para, gira sobre si misma y vuelve a girar. Lo hace una vez y otra y luego otra, cual niña que hubiera perdido la mano de su madre y en medio de la multitud, clavada donde la perdió, la buscara con la vista.
Ve al novio, la cara de él y en esa cara lee que él no comprende; pero no tiene tiempo para explicaciones y sigue buscando. Por fin él pregunta o es ella quien desesperada explica buscando ayuda. La verdad, ya no recuerdo.
La mendiga. Es la mendiga. "La mendiga, Manuel, la mendiga". Es ella.
Por fin consigue explicarse. No hay problema, él se encarga. Aliviada la joven echa mano del bolso. Dos manos por un momento se unen y un billete mil veces plegado y replegado, oculto a la vista del mundo, cambia de mano. Entonces el hombre se separa unos pasos, se aleja de una y se acerca a la otra.
La mendiga no lo ve, en ningún momento alza los ojos ni levanta la cabeza. Pero siente el contacto de una mano en la suya que deposita en ella un billete y se la cierra en torno a él.
La mendiga se percata de lo que es, no conoce ningún tipo de papel que se pueda plegar de esa forma salvo ese. El tacto es todo lo que necesita para reconocerlo. No siempre fue mendiga.
El billete esta ahora donde debe estar. El hombre que se acuclillo para entregarlo se endereza y vuelve con la joven, ahora triste y llorosa pero de nuevo radiante y feliz.
Y, la pareja reemprende su camino.
Jamás se lo conté a nadie. Es su secreto o lo era.
Pero ahora lo cuento y es que hoy llame a un antiguo compañero, que también lo fue de ella. Para quedar, tomar un café, esas cosas... al despedirnos le pregunte quien más "de nuestra época", que él sepa, puede que este viviendo ahora en Madrid.
Quiso responder y no pudo, lo volvió a intentar y fue incapaz. Me pareció natural y es que hace tanto de todo aquello, pero tanto...
...Que se olvidan los nombres y se pierden los teléfonos.
Pero luego, bastante luego, mucho más tarde en realidad, me pregunte que fue realmente lo que le impidió pronunciar aquel nombre que parecía escaparse y no se le dio escapado.
¡Hace tanto que no nos vemos!
Ella ahora vive en Madrid. Trabaja como profesora de filosofía y esta casada. Es todo lo que sé.
¿Fue el nombre de ella el que Antonio no pudo pronunciar?. No me sorprendería. Hemos envejecido, pero puede que él me siga viendo como aquel novio... que en realidad nunca fui y, en su imaginación yo aún siga de algún modo con ella. Y, hay ciertas noticias que aún "novio" no se le quieren dar. Ni siquiera cuando ha pasado ya tanto tiempo que la palabra esa, "novio", resulta arcaica, cursi y ya no sé cuantas cosas más.
04 junio 2009
Día 14

Catorce días en Madrid. Dos semanas y en todas esas horas, conversaciones lo que se dice conversaciones, solo hubo tres, ni una más, ni una menos.
Para la semana, me digo, puede ser diferente...
Para la semana... ya se vera, pero no me hago ilusiones.
... Puede que yo desee quedarme en Madrid, pero puede, también, que Madrid no quiera que me quede en ella.
...O puede que, simplemente, me este asustando del precio por fundir el último año supuestamente libre de mi vida, en una apuesta sin ases en la manga y las cartas en contra.
Y, la verdad, es que si encontraran mis dudas una buena excusa que darme "me retiraría" ya. Pero no la encuentro y sigo queriendo quedarme aquí.
28 mayo 2009
Hoy, tan grande me parece Madrid…
…Haciéndoseme aun mayor al no poder contarla.
27 mayo 2009
Perdón...
23 mayo 2009
Trinos

Acabo de terminar de fumarme una pipa en el balcón, viendo las nubes tapar el sol, muy pocos ir camino de lo que parecía un trabajo, otros puñados terminar la noche y… justo antes de todo eso hice algo que supongo que debí haber hecho hace mucho, pero…
En fin, una noche muy constructiva. Hoy tengo todo el día libre, por lo tanto cuando me venza el sueño, dormiré… Hasta entonces puedo seguir aprovechando.
Pero antes de nada y pese a la mala prensa que por lo visto tiene, lo que necesito es Facebook.
...Madrid?

...¿Es esto en verdad Madrid?
Dejad que lo dude. De momento esto me parece solo un mar de ventanas que aparentan estar vacias, mientras se esfuerzan por hacer creer que ocultan algo tras las cortinas.
… Pero no estoy siendo ecuanime a la hora de mirar de frente esas ventanas... Y, decir lo contrario sería mentir.
… Puede que simplemente, les este exigiendo algo que no esta en sus manos poderme dar.
… Un triangulo de cuatro lados.
22 mayo 2009
La buena gente...
Mariola
(...mi prima hoy, ahora mejor dicho, hablandome de alguien a quien no conoce y a este paso puede que ninguno de nosotros dos le llegue a conocer)